KRALENDIJK.- El Caribe aparece en el imaginario popular argentino como una suerte de paraíso lejano, pero a la vez accesible; un justo premio para el que ha trabajado duramente y quiere olvidarse por una semana de la fría realidad cotidiana.
Así, el Caribe se presenta como una sola cosa, indivisible y amorfa, con fronteras poco claras, al margen de paralelos y meridianos, aunque en realidad está conformado por diez países continentales y una infinidad de islas.
De todas esas ínsulas en las generosas aguas del mar que da nombre a la región, Bonaire, la más pequeña y menos conocida de las Antillas Holandesas, ocupa un lugar destacado.
Su nombre proviene del papiamento -un dialecto hijo de muchas lenguas entre las que se distinguen el holandés, el español, el inglés y algún idioma africano introducido por los esclavos- y significa, justamente, Buen Aire. Se refiere a los vientos alisios que refrescan el clima caluroso del trópico, y aportan sequedad y días soleados todo el año.
La actividad principal de Bonaire es el buceo. De hecho, la isla está considerada uno de los mejores lugares del mundo para realizar deportes subacuáticos. Y la segunda actividad es el dolce far niente en todas sus expresiones.
El Norte es el sector más exuberante y, a diferencia del Sur, que es llano y desértico, aquí el paisaje es montañoso y de vegetación frondosa. Para conocerlo es indispensable alquilar un auto o contratar una excursión.
De la época de la colonia
Un camino que parte de Kralendijk, la ciudad capital, bordea el mar y luego se desvía hacia el Este. Así llega a Rincón, el pueblo más antiguo de la isla, donde aún se conservan las casas construidas por los holandeses en la época de la colonia. El camino continúa hasta Boca Onimá, donde en una gruta cercana a la playa los primitivos habitantes de la zona dejaron pintada en la roca la huella de su existencia.
En este sector se encuentra el Goto Meer, un lago de agua salada que sirve de hogar a grandes colonias de flamencos rosados. Se estima que la población de flamencos de Bonaire supera los veinte mil ejemplares, lo que implica que hay más flamencos que personas. Estas aves se alimentan de las algas que crecen en las aguas saladas. Precisamente son las algas las que les otorgan su coloración tan particular.
El Parque Nacional Marino está muy bien cuidado. Todo coral y todo habitante marino está protegido y es delito llevarse incluso los pedacitos sin vida que las mareas depositan en las costas.
En el centro de la isla, sobre la costa oeste, se encuentra Kralendijk, una ciudad muy pequeña donde casas de una marcada arquitectura holandesa se mezclan con el paisaje tropical lleno de palmeras. Aquí está la mayoría de los hoteles, tiendas y restaurantes de Bonaire.
El sector sur es una planicie casi desértica, donde la vista del horizonte se interrumpe esporádicamente por la aparición de la silueta ondulante de alguna palmera.
Es también la región menos poblada de la isla y, por lo tanto, el lugar preferido para aquellos que buscan playas apartadas y solitarias. La costa es una gran continuidad de arena donde, si se desea, se puede estar completamente solo.
Datos útiles
Cómo llegar
En avión US$ 490 Hasta Caracas, de ida y vuelta con impuestos. Desde allí se puede tomar otro vuelo.
Gastronomía
En la isla se come todo tipo de pescados, langostas y una gran variedad de mariscos. El plato típico es el rijsttafel, a base de arroz.
Excursiones
Hay salidas de buceo, entre 6 y 30 dólares. También inmersión con alquiler de equipo, desde 25 dólares.
Clima
La temperatura anual media es de 28°C.
En Internet
Alejo Schatzky