En el kilómetro 114,5 de la ruta 205, partido de Lobos, asoma un castillo de cuento de hadas: como en el Loire, pero en la pampa argentina. Hubo una época en que este lugar lucía un poco abandonado, pero hace un tiempo largo que, a fuerza de inversión y trabajo, logró desempolvar sus viejos esplendores.
La historia cuenta que en 1840, el boticario Orestes Piñeiro adquirió tierras en el cuartel 6 del partido de Lobos para dedicarse a criar ovejas. El nombre entonces era Estancia Los Pontones. Luego, Piñeiro se casó con Candelaria del Mármol y cambió el nombre del campo por el de su esposa. La pareja adoptó a Rebeca, que a su vez se casaría en 1890 con Manuel Fraga. En 1906, Candelaria falleció y su hijo político asumió la dirección del campo, que ya contaba con 12.000 hectáreas. Las tierras se extendían desde la estancia, a ambos lados de la ruta, hasta el pueblo de Roque Pérez.
El casco original estaba donde hoy se encuentran las habitaciones coloniales; algunas paredes originales se sostienen aún. "Debido a las actividades sociales en constante crecimiento, sus propietarios consideraron la idea de construir un castillo, inspirados por un viaje a Francia. Para tal fin contrataron al arquitecto francés Albert Favre, responsable del diseño, y al paisajista Charles Thays, para la parquización y los bosques", cuenta Anthony Helfer, guía de la visita.
El curioso castillo, terminado en 1906, consta de tres estilos reconocibles: nórdico normando, en sus cortes principales, torres y techo de laja de piedra; gótico inglés, en sus arcos ojivales, y barroco, en las aberturas de planta baja y primer piso.
En un parque de cien hectáreas con dos canchas de polo conviven, por un lado, el galpón-comedor, las habitaciones coloniales y los salones de eventos. Por el otro, un poco más lejos, asoman el castillo y el molino, linderos con el bosque encantado donde es posible perderse entre los caminos de árboles.
Los jardines de Thays siempre cuentan con largas avenidas de casuarinas, pinos, robles. Aquí también hay arroyos artificiales, puentes y esculturas: las 100 hectáreas son todo lo que se imagina un viajero de lo que fue la prosperidad de las estancias bonaerenses.
Los caballos esperan en el palenque para quien desee dar una vuelta. Un poco más allá se destaca la capilla de 1936, donde descansan los restos de Candelaria de Mármol, la esposa de don Orestes Piñeiro, fundador de la estancia: todo el escenario es digno de una película del siglo XIX en la campiña europea… o pampeana.
Hace dos años se hicieron cargo de la administración de la estancia Martín Grant y Lucrecia Grande. Entonces comenzó un cambio profundo con la revisión de cada área de trabajo seguida de inversión: remodelación de las habitaciones; restauración y cambio de blancos, cortinados, alfombras y baños del castillo; reformulación del menú y capacitación del personal de la estancia tanto para viajeros como para evento.
El resultado es contundente: llegar a La Candelaria hoy es muy distinto que hacerlo hace algunos años; se percibe el cuidado de todos los detalles.
Reuniones, polo y meditación
Los viajeros que decidan hospedarse en la estancia pueden coincidir con la fiesta gaucha de los martes y sábados, o disfrutar de las comodidades sin show. De septiembre a abril, en temporada de polo los sábados hay partido. Los domingos, además, se ofrece una clase de yoga y meditación en la torre del castillo.
Durante la semana, en algunas ocasiones empresas o particulares utilizan el predio, que cuenta con seis salones, para eventos y reuniones.
El almuerzo, que puede o no ser asado, transcurre en el salón comedor, ambientado con fardos y detalles camperos; la cena del salón dorado del castillo resulta una experiencia deliciosa. Desayunos y meriendas se componen de pastelería casera europea y criolla a cargo de Susana O’Brien –nunca faltan los pastelitos–; también, jugos naturales, frutas de estación, dulces caseros. Martín Luján cocina manjares como bondiola braseada con batatas asadas, colita de cuadril con papas rústicas, sopa de verdura, canelones de conejo, ravioles de calabaza, entre otras pastas. La atención está a cargo del personal de la estancia que permanece en el tiempo con su hospitalidad campera, como Azucena Banegas (15 años) o Paola Ochambella (4).
Ingresando al castillo se puede ver un hall como eje de distribución –presidido por una gran araña de cristal de Murano–, del cual se desprende el comedor principal a la derecha, de estilo renacentista italiano, con pisos de roble de Eslavonia, paredes de cedro y cielo raso pintado a mano. En la esquina asoma el retiro para fumadores: parece un confesionario.
El sistema de calefacción de radiadores permanece como antaño, con un fogonero alimentando el fuego durante las noches. Dicen que en los sótanos estaban la bodega y los calabozos.
La escalera que conduce al primer piso y los cuartos superiores también lo hace al altillo y a las dos torres, en una de las cuales es posible retirarse a meditar. Las dos suites, una en planta baja y la otra en el primer piso con balcón al parque, cuentan con el esplendor de antaño de la mano de los muebles de época y la modernidad actual en baños con jacuzzi.
La Candelaria funciona también como club de polo donde se crían y venden caballos. El cercano club de golf dispone de 18 hoyos, a 8 km de la tranquera. La versión más completa de la fiesta gaucha es los sábados: cuenta con demostración de cocina criolla, charla o partido de polo, guiada por el castillo seguida de almuerzo con show folklórico y destrezas gauchas.
DATOS UTILES
- La Candelaria está a una hora y 20 minutos de Buenos Aires. Para llegar hay que tomar la autopista Riccheri y doblar por la autopista Ezeiza-Cañuelas hasta la ruta 205. Por ésta, seguir hasta el km 114,5. Allí, pasando el poste de S.O.S., doblar a la derecha (tranquera verde) por el camino de tosca mejorado que ingresa en el establecimiento. Es condición indispensable reservar previamente por el 02227-424404 /494132 o (011) (15) 3365-0158. info@estanciacandelaria.com, www.estanciacandelaria.com
- Día de campo: incluye desayuno, almuerzo de empanadas y asado sin bebidas alcohólicas, merienda, más actividades –bicicletas, canchas de tenis, fútbol, de polo, caballos–; $ 320 por persona. Los niños de 3 a 10 años abonan el 50 por ciento de la tarifa.
- Hay 23 habitaciones entre el castillo, la parte colonial y el molino, desde $ 550 hasta 900 más IVA por persona en base doble, pero incluyen un día de 24 horas con recepción, almuerzo, merienda, cena y desayuno.
- Promociones de viernes romántico: desde $ 550 con cuatro comidas incluidas del viernes a la tarde-noche al sábado a la tarde-noche. El Club La Nacion tiene un descuento durante agosto.