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"Sabias, santas, rebeldes": una novela histórica que explora las vidas de mujeres extraordinarias

En "Sabias, santas, rebeldes", la escritora y jurista Paula Winkler entrelaza con maestría el presente y el pasado en una novela que explora las vidas de mujeres extraordinarias. 


mujer lee en el tren

Sabias, santas, rebeldes, un libro histórico que recomendamos. - Créditos: Getty



Sabias, santas, rebeldes, la última novela de Paula Winkler -publicada por Editorial Diotima- nos sumerge en un relato fascinante que conecta tiempos y almas. En el corazón de la obra se encuentra la historia de Birgitta Birgersdotter, conocida como Santa Brígida de Suecia, una figura venerada como protectora de las viudas y una de las Patronas de Europa, junto a Santa Catalina de Siena y Santa Teresa Benedicta de la Cruz.

Sin embargo, Winkler no se detiene en el protagonismo de los grandes nombres. La novela también recupera la memoria de las beguinas, mujeres de Flandes que, en pleno siglo XIV, rompían moldes y dogmas. Sin aferrarse a las rígidas reglas de la Iglesia, estas viajeras asistían a pobres, meretrices, leprosos y “ausentes”, con una fe que parecía abrazarlo todo.

 

La narradora, Inés, es una profesora de filosofía en el siglo XXI cuya vida fue atravesada por una tragedia: su hermana monja fue asesinada mientras misionaba en Libia. Devastada, Inés encuentra refugio en la escritura y en un inesperado compañero, Bigote, un gato peculiar que pertenecía a su hermana. Mientras intenta reconstruir su mundo, termina enamorándose de Rafael, un compañero rosarino de la universidad. 

Con un estilo envolvente y un inteligente juego de tiempos, Paula Winkler entreteje el siglo XIV con el presente en un viaje narrativo donde el amor, la fe y la resistencia femenina cobran una dimensión atemporal. 

Santa Brígida, patrona de las viudas

Santa Brígida, patrona de las viudas - Créditos: Archivo LN

-¿Qué te inspiró a escribir sobre figuras históricas como Santa Brígida de Suecia y las beguinas en el contexto de un diálogo con el siglo XXI?

-Yo había enviudado y una amiga me acercó una oración a Santa Brígida, patrona de las viudas. Comencé a leer acerca de su vida y me apasionó: murió cerca de los 70 años, poco común para la época. Ella se deshizo de sus bienes y de los legados heredados del difunto, un conocido señor feudal, y los distribuyó entre sus hijos y para obras de caridad. Quedó con lo necesario para sus misiones y viajes. Entonces pensé que efectivamente había otra mujer que parecía haber sufrido la muerte de su marido tan intensamente como yo… Una mujer que, de alguna manera, logró refundarse. 

-Contanos sobre Santa Brígida… ¿por qué es tan relevante su figura?

-Santa Brígida de Suecia fue una intelectual que luchó por la unidad de los entonces territorios escandinavos, emparentada a la Casa Real, preocupada por la corrupción de los papas y por los indigentes y enfermos. Se me ocurrió entonces que el enlace de su historia podía ser a través de mi propia escritura en el siglo XXI, e inventé a Inés y a su hermana Diotima, una monja asesinada en Libia. La justificación la encontré en la realidad: estoy convencida de que estamos volviendo a la oscuridad medieval, cuanto menos en Occidente, aunque abunden las máscaras “tecno”.          

Diotima, la maestra de Sócrates a la que debemos el concepto de amor platónico

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-El libro se construye, a la vez, desde una perspectiva literaria y una histórica. ¿Cómo fue trabajar en esto y lograr el equilibrio entre la investigación del pasado y la libertad que otorga la narrativa?

-Una novela histórica permite más ficción que un documento histórico o un ensayo: debe haber investigación, pero al mismo tiempo la invención puede enaltecer y dinamizar el texto, siempre y cuando haya un delicado equilibrio entre hechos y narrativa. Primero investigué, aunque también leí y pregunté sobre el personaje en Suecia, entre religiosos y ateos. Las respuestas se parecían: una estratega, teóloga y sabia admirable más allá del dogma. Una Pastora protestante que daba misa en Stora Essingen me ayudó con algunos textos en inglés.

Sabias, santas, rebeldes, de Paula Winkler

Sabias, santas, rebeldes, de Paula Winkler - Créditos: Prensa

-El personaje de Diotima protagoniza un interesante contrapunto en la novela: ¿por qué decidiste incluirlo?

-Cuando comencé a investigar me di cuenta de que quería incluir a Dios como personaje secundario. Se lo comenté a una amiga escritora y ella me compartió un ensayo de la magnífica feminista italiana Luisa Muraro (“El Dios de las mujeres”), donde esta concebiría a Dios como lo hacían las beguinas en aquel Flandes del siglo XI (yo las retomo en esta novela en el XIV, pues se extendieron territorialmente y durante siglos). Según ese ensayo, Dios es puro pasaje. Me atrajeron las prácticas de las beguinas comentadas por Muraro, en concreto y al detalle; no actuaciones desde el dogma. Aun así, me faltaba lo que en el cine se conoce como montaje, edición, enlaces. Recordé a Diotima y a Sócrates (y suponiendo que en la vida haya casualidades, envié el material terminado a Graciela Scarlatto, cuya editorial, precisamente, se llama “Diotima”). Y me dispuse a crear un contrapunto de la narradora Inés, Inesita, ese recurso discursivo tan caro a la novela, una hermana que fuera su opuesto: monja, tranquila, solidaria (y un poco ingenua), de regular optimismo; convencida del dogma católico y hasta poeta. Así, Santa Brígida y las Beguinas iban a vivificarse desde “lo real” en este siglo que transitamos.

 

-Tu formación en Derecho y tu reconocimiento como jurista son hitos importantes en tu vida. En este libro, la justicia, la religión y el género aparecen mucho.¿Qué te interesa especialmente de estas cuestiones a las que siempre volvés?

-En relación a la religión, soy como Heinrich Böll, obsesión tácita respecto del Altísimo. Lo cuestiono, lo peleo, lo controvierto, lo necesito y lo quiero. En cuanto a la justicia, que aparece en casi toda mi obra, es la justicia como imposibilidad. He sido bastante idealista, platónica, pensé que el positivismo jurídico me iba a dar una certeza que no existe ni en el sistema cerrado y autovalidado del Derecho. Y, en relación con el género, si hubiera pedido permiso a mis colegas hombres durante el ejercicio de la abogacía y de la judicatura, no estaría haciendo esta entrevista. El problema de la mujer como un “síntoma del hombre” tiene que ser trabajado y superado transversalmente. Respeto a muchas teóricas como Kristeva, Drucaroff y a la propia Muraro. Prefiero, entre todas, a las mujeres que resisten tan solo para sustentar su deseo. Cualquiera que sea. 

Por Andrea Albertano, gentileza para OHLALÁ!

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Andrea Albertano

Andrea Albertano Se inició el en periodismo gráfico en 1991. Se especializa en contenidos de gastronomía, vinos y libros.


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