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Su hija se fue a vivir al extranjero y contó cómo vivió ese angustiante proceso 

Silvina Scheiner vivió la experiencia de despedir a su hija, que decidió mudarse al exterior. Escribió sus aprendizajes en el libro Distancias del corazón. ¿Qué sintió su hija Maia a partir de este cambio de vida? Ambas voces, en esta nota testimonial tras la partida a Sídney.


Madre e hija se despiden en el aeropuerto.

Cuando los hijos se van a vivir al exterior: ¿cómo vivir esa experiencia? - Créditos: Getty



Según cifras oficiales, casi dos millones de argentinos dejaron el país entre 2013 y 2023. La escritora y periodista Silvina Scheiner vivió la experiencia de despedir a su hija Maia, quien se fue a vivir al extranjero, y lo relató en un libro: Distancias del corazón (Leamos).

En esta, su primera obra, cuenta la historia de "una madre sola que viaja al otro lado del mundo en busca de la única conexión significativa que le queda en la tierra: su hija". Después de luchar contra la soledad y la pandemia del Covid-19 decidió embarcarse en una travesía geográfica y emocional para mantener la conversación que ambas habían evitado durante mucho tiempo. "Solo al reunirse con esa niña que dejó ir a los seis años encontrará la paz que tanto anhela y se reconocerá como la madre que es", plantea la contratapa.

El día que se embarca en el primero de los cuatro aviones que la llevarán hacia ese destino lejano, la narradora abre un diario para registrar lo que va viviendo y sintiendo. Lo épico y lo cotidiano de su experiencia se plasman en esa bitácora, a veces trivial, a veces profunda, donde el humor, los recuerdos y la incertidumbre se entrelazan en cada página. 

 

Silvina, su autora, cuenta a OHLALÁ! que siempre crio a su hija consciente del mundo exterior, de sus posibilidades y sin temores. De hecho, mucho antes de emigrar, ya desde los 10 años, su hija había tenido experiencias en campamentos internacionales, recuerda.

Sin embargo, cuando supo que se iba al exterior, vivió esta decisión con muchas contradicciones: por un lado, la intención de que su hija sea feliz y tenga las experiencias de vida que elija, pero, por otro, el temor a quedarse sola. "Yo soy viuda y ella es mi única hija. No te quedan otros donde poner el afecto. No es una queja, es una descripción de mi realidad", comenta. 

Y cuenta: "Nuestro vínculo atravesó distintos momentos. Fue difícil encontrar la cantidad de llamadas por semana o las veces que estaba bien hablar. Como madre, siempre querés más llamadas y todo te parece poco". Suma: "Para mí, hablar una vez cada 15 días o recibir un texto por semana me parecía poco, pero para ellos estaba bien. El joven que emigra está enfocado en armar una vida, conocer gente, encontrar empleo, entender la nueva cultura, insertarse, y eso lo aleja de la realidad familiar que queda acá". Pero aclara: "Como padres, hay que acomodarse a esa ausencia, replantear la vida familiar y aceptar que los hijos son grandes y no son nuestro proyecto". 

 

En los primeros tiempos, Silvina cuenta que se preocupaba por la capacidad de su hija para arreglárselas sola y se preguntaba si necesitaba algo. Además, cuando su hija emigró, tuvo dos grandes problemas que afectaban su posibilidad de acceder a un empleo: unos incendios tomaron gran parte de los alrededores de Sídney durante muchas semanas, a tal punto que el gobierno los catalogó como 'peligro de incendio catastrófico', y cuando eso se controló, llegó el Covid-19 y el continente se cerró por completo. "Sin turismo, ¿de qué va a vivir?, me aterroricé desde casa. ¿Pero qué podés hacer a 14.000 kilómetros?", se pregunta. 

"Como padres, debemos tener nuestros propios desafíos y planes. El nido se vacía, puede ser, pero uno y su vida no tienen que derrumbarse. No podés colgarte de tu hijo ni de su proyecto. Tenés que confiar, apoyar desde acá y transformarte. Uno tiene que seguir vivo, latiendo y adaptándose", reflexiona.

 

Su hija, Maia Goijman, quien dejó Argentina en octubre de 2019 y hoy trabaja en consultoría de marketing, también aporta su mirada ante la consulta de OHLALÁ!: "Más allá de lo obvio de las nuevas experiencias y realidades, irme a vivir afuera me permitió varias cosas: crecer, construir una nueva identidad y reformular el vínculo con mi madre". 

Maia explica que en Argentina ella tiene una historia y un contexto que de alguna manera la encasillaba y la ubicaba en cierta categoría. Irse lejos le permitió ser ella quien decidiera cómo quería que la conocieran los demás. "Ya no era la que fue a tal colegio o la que hizo tal cosa. Era Maia, de Argentina, sin historias ni prejuicios. Los que me conocían solo me relacionaban con el mate y el fútbol", cuenta. "Parte de mi crecimiento fue querer reinventarme o reencontrarme, o ambos, y a veces cuesta hacerlo en lugares donde te conocen tan a fondo", añade Maia. 

En cuanto al vínculo con su madre, Maia relata que en Argentina nunca dejaba de ser 'hija'. Siempre había algo que hacía mal, siempre había alguna lección que su madre tenía que darle. "Cuando alguien te conoce tanto, cada interacción viene con una carga emocional fuerte, tanto de expectativa como de experiencias. Esta posibilidad de crecer y reinventarme a nivel personal, por supuesto, se trasladó al vínculo con mi vieja, porque me permitió ser hija en los momentos que necesité serlo; no por obligación, sino por placer. Ahora puedo esperar esos momentos con anhelo y ansias, dedicando toda mi atención, amor y empatía", concluye Maia. 

Hijos que migran 

El psicólogo Flavio Calvo reflexiona que, cuando un hijo emigra, la dinámica familiar se reconfigura, lo que afecta los roles y vínculos entre sus miembros. Señala que la ausencia puede generar un impacto emocional profundo en los padres y madres, quienes experimentan una dicotomía entre el dolor de la pérdida y el deseo de apoyar a su hijo en su nueva etapa.  

Expresa que el fenómeno del “nido vacío” se intensifica cuando un hijo migra, ya que la distancia potencia las sensaciones de soledad y duelo. La imposibilidad de compartir cotidianamente su crecimiento, sus logros y, en algunos casos, la llegada de nietos en otro país, lleva a muchos padres a cuestionar el sentido de su vida en esta nueva etapa.  

 

Sin embargo, el experto –tal como nos contó en esta nota de OHLALÁ!- estas crisis pueden convertirse en oportunidades para fortalecer redes de contención con familiares y amigos, o incluso recurrir a terapia para procesar la ausencia de manera saludable.  

 

Sostiene que expresar emociones de forma sincera y redescubrir proyectos personales puede ayudar a resignificar esta experiencia como un período de aprendizaje y crecimiento. 

Dónde conseguirlo: Distancias del corazón (Leamos) se consigue en Bajalibros.com y Amazon.

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